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¿Qué es la geografía? ¿Es la geografía una ciencia? La respuesta a estas preguntas es más difícil de lo que parece. Popularmente se considera que la geografía es saber dónde están los ríos, las montañas y las ciudades, pero lo cierto es que la geografía va mucho más allá. La geografía trata de saber qué hay en el espacio y cómo funciona, y por qué, y cómo podemos organizarlo mejor. Según esto sí, la geografía es una ciencia, no una ciencia experimental, pero sí una ciencia como la geología, la biología, etc.

Muchas han sido las definiciones de la geografía. Jean Tricart la definiría de una manera general como la: «epidermis de la Tierra», y ello incluiría toda la superficie terrestre y la biosfera. Los griegos llamaban ecúmene a las tierras habitables, que, por otra parte son las conocidas por la humanidad; las tierras cultivables. No obstante, hoy en día, según Max Sorre, las tierras habitadas alcanzan a todo el planeta hasta la Antártida, los mares, el aire e incluso el espacio exterior, ya que todo ello es accesible a la sociedad, objeto de conocimiento y, a la postre, de aprovechamiento. Así, el espacio geográfico es el espacio accesible a la sociedad.

Así pues, para elaborar conocimiento geográfico lo primero que debemos conocer es qué hay en el espacio, y localizarlo por su emplazamiento concreto y su posición; y a diferentes escalas. Con ello podemos cartografiar, ordenar y esquematizar aquellos fenómenos que nos interesa analizar.

A continuación podemos investigar cómo cada uno de esos elementos se relaciona con otros que están próximos, y otros que están distantes, y por qué, y cómo se establecen esas relaciones y cómo evolucionan en el tiempo, etc.; buscando similitudes y diferencias con otros fenómenos que se den en otros lugares. De esta manera pasaremos del punto al área, encontrando las similitudes que dan extensión y homogeneidad al paisaje, y las diferencias, que le dan variedad.

Sí, el paisaje, porque todos los fenómenos geográficos, todo lo que hace la naturaleza y el ser humano deja su huella en el espacio y se puede observar en el paisaje. El geógrafo puede actuar como un forense rastreando las pistas de cómo funcionan, con qué se relaciona, y cómo han sido esos fenómenos en el pasado.

Así pues, para comprender un paisaje será necesario describirlo, valorarlo, clasificarlo y ordenarlo de manera que se pongan de relieve sus elementos; y con ellos podremos explicarlo, planteando problemas y buscando relaciones, tanto en los procesos actuales como en la historia.

Y la escala. La escala a la que estudiamos un fenómeno es decisiva. Existen fenómenos que sólo se ven con la escala adecuada. Julio Muñoz llamara a esto dominante. La dominante es, además, un elemento que da homogeneidad al paisaje; pero el cambio de escala supone su modificación, e incluso su total desaparición.

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