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La ciudad es un espacio artificial y cómodo para la vida humana. En ella está ausente la mayor parte de la naturaleza salvaje. Aunque está presente la naturaleza domesticada en los parques, las riberas de los ríos y los animales de compañía. Fuera de esto todo es artificial. Hasta el piso sobre el que caminamos es sintético, de asfalto o piedras de distinto tipo. Pero hasta en nuestra ciudad persiste la vida salvaje; pájaros, insectos, algunos animales que se acercan para conseguir comida entre nuestros residuos o las ratas que mantienen en buen estado las alcantarillas y las tuberías más pequeñas.

Además de ser un entorno artificial es un espacio concentrado, lo que convierte a la ciudad en un agente contaminante de primer orden. Existe contaminación lumínica, que permite ver durante la noche casi con la misma eficacia que durante el día. Existe contaminación atmosférica, procedente de la combustión de gasóleos y gasolinas, tanto por el transporte como por las calefacciones. Existe contaminación por residuos, biológicos, sólidos y químicos, que utilizamos en nuestras vidas diarias generando basuras de muy difícil degradación. La eliminación de basura es probablemente uno de los problemas más graves de la sociedad actual. Los residuos llegan a la naturaleza, desde la ciudad, por distintos caminos: las alcantarillas y los ríos, la recogida de basuras controlada y la eliminación de basura incontrolada.

Dentro de la ciudad el coche privado es un elemento esencial y un agente contaminante de primer orden. El coche contamina el aire por la combustión de gasolina o gasóleo, y el medio por ruido y por la gran cantidad de espacio que ocupa. Son frecuentes los atascos, pero también los malos aparcamientos que dificultan el tránsito peatonal.

Como consecuencia de los altos niveles de contaminación las ciudades tienen un topoclima diferenciado. En general, la temperatura dentro de la ciudad es mayor que en las afueras. Esta diferencia se incrementa en situaciones de estabilidad por la acción de un anticiclón térmico, es entonces cuando aparece la isla de calor.

La isla de calor es una situación atmosférica que se presenta en las grandes ciudades y consiste en el rápido aumento de la temperatura desde las afueras hacia el centro urbano, donde los edificios y el asfalto desprenden por la noche el calor acumulado durante el día. Provoca vientos locales desde el exterior hacia el interior. Además, la atmósfera urbana es ligeramente más húmeda. Las precipitaciones son las mismas que en el resto del entorno, pero la escorrentía está dirigida. El asfalto y la piedra convierten a las calles y alcantarillas en canales de aguas rápidas que arrastran consigo las basuras acumuladas durante las épocas secas. Esto provoca un aumento repentino de los detritos en el agua de los ríos, aumentando su contaminación.

La contaminación atmosférica produce un aumento de las partículas, sobre todo de CO2 y SO2, que producen lluvia ácida sobre los bosques más o menos cercanos.

Pero el impacto de la ciudad sobre el medio no se limita a la contaminación. La ciudad organiza en torno a sí todo el país. Necesita materias primas y recursos naturales para vivir, ya que ella no las produce. Las ciudades consumen el 16 % del agua, además de maderas, pierdas, productos energéticos, productos alimenticios, etc.; y todo ello lo ha de conseguir de una naturaleza más o menos cercana, y más o menos en buen estado. La buena salud de la naturaleza es vital para la existencia de la ciudad.

Los urbanitas exigimos de la naturaleza un campo de ocio en buen estado, aunque no siempre tengamos el cuidado de procurarlo. Son frecuentes las escapadas al campo los días de fiesta, pero no son tan frecuentes las recogidas de los residuos que generamos, y es que mucha gente se cree que alguien lo recogerá, como pasa en la ciudad.

Todos los productos que necesita una urbe los consigue a través de las vías de comunicación: carreteras, ferrocarril, aviación y puertos. Es necesario crear una densa red de comunicaciones entre las distintas ciudades, y con el medio rural y natural, para el buen funcionamiento de estas.

Toda la actividad económica y social, y su impacto ambiental, gravita sobre las ciudades, la nuestra es una cultura urbana, este es nuestro modelo de convivencia, pero dependemos de unas condiciones ecológicas sanas para sobrevivir.

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