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La geografía de la población, y el intento de estudiarla científicamente, es muy reciente. Data de los años 50 en el que inician las investigaciones Pierre George, Zelinski y Trewartha.

No hay que olvidar que la posibilidad de estudiar la población nace con la estadística y la creación de censos regulares y universales. El intento de censar a la población para conocer su número, y recaudar impuestos, es muy antiguo; desde los romanos a la Edad Moderna hay noticias de esta pretensión. Pero las dificultades técnicas para un recuento rápido no permitían tales estudios. A pesar de los avances del siglo XX, la misma situación se presenta en muchos países subdesarrollados o con conflictos políticos y militares.

El ser humano es una especie que ha logrado sobrevivir en las condiciones naturales más adversas. Pero el éxito de la especie se debió, más que a su número, a su capacidad para transformar el medio en el que vivía.

El estudio de la población antigua se hace por medio de fuentes indirectas: series, diezmos, recuentos de fuegos o una supuesta densidad demográfica óptima, para poder vivir en un territorio, cuando las poblaciones estudiadas son muy antiguas.

Existen para el conjunto de la historia de la población mundial dos períodos decisivos en los que se dispara el crecimiento demográfico: la revolución neolítica y la revolución industrial.

No podemos precisar cuál es la población de partida, puesto que no sabemos con exactitud qué espacios estaban ocupados en el Paleolítico ni qué densidad poseían. Las cifras varían entre unos centenares a 10.000.000, aunque parece que en ningún momento debió haber menos de 100.000 personas. El crecimiento vegetativo de esta población era muy pequeño, debido a que practicaban una economía de recolectores y cazadores que exigía controlar gran cantidad de espacio para su explotación.

Se calcula, y aparece como aceptado, que había unos 10.000.000 de habitantes en todo el mundo justo antes de que se descubriese la agricultura, la ganadería, la cerámica y la vida urbana: el Neolítico. En poco tiempo la población parece elevarse a unos 300.000.000. Cuánto dura este tránsito, y cómo se produce, lo desconocemos por completo, pero uno de sus fenómenos más característicos es la aparición de las ciudades. El Neolítico supone un cambio en la economía y en el modelo de sociedad. Aparece la agricultura y la ganadería, con lo que el territorio necesario para procurarse los recursos se reduce; aparece la cerámica, con lo que se pueden almacenar y conservar los alimentos; y aparece el fenómeno urbano, con lo que se organiza y se divide el trabajo, aumentando la productividad.

En realidad no se sabe nada, o casi nada, de cómo fue la transición demográfica del Paleolítico al Neolítico, ni se sabe si fue larga o corta, ni cuánto duró. Pero sí se sabe que la población aumentó. Existen dos teorías que explican el aumento de población en el Neolítico. La tradicional afirma que la agricultura, la ganadería, la cerámica y la ciudad mejoraron la alimentación, y que las condiciones de vida en asentamientos permanentes y con una organización social compleja hacen aumentar la población. El espacio necesario para conseguir alimentos y garantizar el aporte calórico durante todo el año se reduce, gracias a la agricultura y la cerámica. Al estar mejor alimentados comenzarían a vivir más y la población aumentaría. La otra teoría es sostenida por geógrafos como Ester Boserup, y afirma que la agricultura y la ganadería no mejoró la alimentación humana, sino que la empeoró, ya que, aunque hubiese un mayor aporte calórico, la calidad de los alimentos disminuyó al reducirse su variedad. Además, la vida urbana, la aglomeración humana, haría aumentar el riesgo de contagio de las enfermedades infecciosas, con lo que aumentaría la mortalidad. Sin embargo, el sedentarismo permitirá reducir el intervalo intergenésico, las mujeres podrán tener más hijos a lo largo de su vida fértil, la fecundidad aumentaría y con ella la población. Será precisamente el aumento de población lo que obligará a hacer los descubrimientos que identifican al Neolítico.

Desde el Neolítico hasta los albores de la revolución industrial la población crece lentamente. Hasta que en los siglos XIX y XX se produce la transición demográfica. Se calcula que a comienzos de la transición demográfica había unos 1.000.000.000 de personas, hoy en día se superan los 7.500.000.000.

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